Eso debieron pensar ciertos profesionales del tasteo musical tras la publicación de "Rumours" en el año 1977. Porque de no ser así, no me explico que dichos críticos, expertos en el terreno de la degustación auditiva y, por lo tanto, conscientes de que el término innovación no siempre implica una calidad por encima de la media, pusieran a caldo a este gran álbum de la forma en que lo hicieron. Si es verdad que a la hora de valorar una obra en su conjunto, es tan necesario como indispensable el que prime una objetividad casi espontánea, desprovista de cualquier artificio, y que permita por lo tanto un sereno y riguroso análisis a todos los niveles, entonces la obra magna de Fleetwood Mac es un trabajo a revalorizar. Es cierto que para el oído avezado pudo suponer un acontecimiento de escasa originalidad e influencia para la música venidera, exento de cualquier ambición más allá de ofrecer una docena de buenas canciones óptimamente trabajadas, pero como experiencia musical resulta francamente incontestable. Y eso, para un servidor (y al parecer una gran parte del público estadounidense) resulta el hecho de más trascendencia en la práctica.
Sin ningun género de duda, Fleetwood Mac fue una de las formaciones más sorprendentes surgidas en la década de los sesenta, no tanto por la solidez de sus primeros trabajos como por el giro radical que experimentó el rumbo de su música. Lo que empezó como una solvente banda de blues-rock, liderada por el gran Peter Green, magnífico guitarrista y compositor, terminaría adoptando, con la incorporación de Lindsay Buckingham y Stevie Nicks, un sonido dulcificado por una nueva y sabia orientación de su escritura. Las valiosas infusiones de blues, tan agradecidas por los seguidores de los primeros compases del grupo, dieron paso a unos pegadizos temas de esencia pop y soft-rock, beneficiados por su enaltecida sensibilidad y una labor interpretativa de sobresaliente. Precisamente son todas estas virtudes las que nos permiten disculpar cierta falta de pretenciosidad en las melodías que, si bien no supone un lastre propiamente dicho, si le hubiera reportado una aprobación unánime a nivel crítico.
Si bien tales resultados artísticos beben directamente del estado de gracia autoral de la teclista del grupo, Christine McVie, y de la ya mencionada pareja sentimental formada por Lindsay Buckingham y Stevie Nicks, "Rumours" debe gran parte de su encanto a las turbulencias originadas entre los miembros de la banda. Un hecho que en un principio habría podido significar un triste y amargo punto final de la trayectoria (ascendente, en mi opinión) del grupo londinense, terminó por ser una de sus principales bazas desde un punto de vista estrictamente profesional. Así, la lírica se sustenta básicamente en una introspección que hace alusión a sus vidas sentimentales, ya sea exhibiendo su faceta más romántica, narrando sus conflictos de pareja, o por una clave melancólica que trasciende sin resultar excesiva.
Entre las doce esmeradas composiciones que figuran en el álbum, se hallan éxitos inmortales de la talla de "Go Your Own Way" y "Dreams", escritos íntegramente por Buckingham y Nicks, respectivamente. La primera de ellas resulta la mejor aportación del norteamericano para el disco, un excelente tema cuya escucha es de un hedonismo popero sublime. Sin duda uno de los grandes clásicos de los setenta. No menos afortunada es la segunda, una buena muestra de la gran capacidad creativa de Nicks, que nos obsequia con uno de los cortes más logrados de "Rumours".
Esa gema un tanto subestimada llamada "Second Hand News", una pieza a caballo entre el country y el pop, con ciertas ínfulas de punk, y la balada acústica "Never Going Back Again", ambas de Buckingham, son obras de menor repercusión popular pero igualmente aprovechables. Lo mismo se puede decir de la sombría "Gold Dust Woman", "Silver Springs", "I Don't Want To Know", un tema de reiterativo estribillo, y de la soberbia "The Chain", todas compuestas por Nicks (salvo la última, co-escrita por los demás miembros de la banda), y que conforman el notable repertorio entregado por la cantante de Phoenix.
Mención aparte merece la contribución de Christine McVie. Casada con el bajista de la banda, John McVie, la teclista y cantante de Fleetwood Mac nos deleita con varios de los parajes mas bellos del álbum, ejemplificados en las baladas "Oh Daddy" y la preciosa "Songbird" (a mi parecer, una de las tres mejores canciones del disco, así como la más infravalorada), dos prodigiosos cortes sobrecojedores por su concepto melódico. Igual de destacables son los singles "Don't Stop", y "You Make Loving Fun", memorables piezas que calaron en su momento (y todavía hoy) en los amantes del pop bien construido y cuya sólida edificación no hace sinó consolidar un talento desgraciadamente eclipsado tras su retirada en 1990.
En resumen, un conjunto cuidado de principio a fin, parco en ornamentos innecesarios, y que de cuya austeridad se benefician unos temas difícilmente reprochables en sí mismos.
Es verdad que carece de un significado conceptual y su falta de inventiva es más que palpable, pero tampoco tendría mucho sentido desacreditarlo por dichas razones, pues la calidad global del álbum roza el sobresaliente.
"Rumours" es uno de los grandes discos de los setenta. Y cualidades no le faltan: una sucesión de pegadizas canciones gestionadas cerebralmente pero confeccionadas desde el corazón, magistrales por su gran trato vocal y una excelente ejecución instrumental. Un esfuerzo recompensado con creces por las ventas pero no por cierto sector de la crítica, obtuso, en mi opinión, en un criterio de valoración tan inflexible como inapropiado. Sólo así se podría explicar su descontento con "Rumours", una auténtica joya que todo amante de la buena música tendría que disfrutar de cabo a rabo. Ni más ni menos.
Larga vida a aquellos años...
VALORACIÓN FINAL: 8/10
Antes de dejarles con los temas "Go your own way" y "Songbird", me gustaría dedicar esta crítica a mi amigo Taxman, como muestra de mi afecto y admiración por esta gran persona. Por tus consejos, los ánimos, y esas inolvidables conversaciones por el msn, GRACIAS compañero.

uenaS brOteR^^
cmO taS??,,,uenO...maS k nah Se k taS bn xQ tOi ablandO contigO x mSn k nO?? xD,,,
aQi no iRe de sobráa k sinO me pegaS;xD_!
& nah uapO,k sabeS k tStim,Q ereS unikOh Si?,& k te tenDria k daR laS GraciaS x miL coSas...xrO ia sabeS cmO sOi...nunka digO nah sobRe " sentimientoS " xD,,,sOi aSi(H),,,
& nah...Q cmO veS...eL coment de tu SisteR,Q acia teLa k nO me paSaba x aQi...SigLoS i sigLos Si o Si? xD
& uenO nah...aQi te vOi dejandO
Te.QierO.TeLa.Si.??^^( L )
SmPree brOter^^*
Na solo era pa dcirt k cierro mi pagina d la coctelera
k no pienso kantar mas n mi vida
k no t guardo renkor x lo k m akabas d dcir xo m duel muxisimo
y na mas kuidat adios
A pesar de la espléndida crítica, del perfecto análisis, del estupendo sentido y ritmo del artículo, servidor no puede mas que sentirse agradecido (que palabras más infravalorada), conmovido y querido por tu agradecimiento final. Es un placer conocer a gente como tu, leer a gente como tu, hablar con gente como tu. Más allá del aprendiz de crítico está la persona, y esta persona que escribe te admira muchísimo. Muchas gracias compañero.
El agradecimiento es mutuo, gracias amigo
Siento decirlo, pero creo que este no es el mejor lugar para hablar de eso Marta. Tenía mis razones para decirte lo que te dije, y te puedo asegurar que no te lo dije con ánimo de hacerte daño. Te agradecería que la próxima vez habláramos por el MSN en vez de dejarme un mensaje en mi blog.
Cuidate